
Siempre pensé que yo era el caballero en brillante armadura que te acompañaría hasta el final del mundo. Pero la realidad es que siempre he sido el mendigo al que alimentaste con tú belleza, que por compasión lo abrigaste con algunas atenciones. Y cual niña mimada al aburrirse con su juguete, botaste en el rincón, mendigando tus recuerdos, atesorando tus miradas, disfrutando cada momento restante en lo que puede rondar cerca de ti, momentos que alimentan su alma permitiéndole subsistir. Simplemente esperando, anhelando que algún día recuerdes… al mendigo de tu amor.
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